Patrimonio arqueológico y gobernanza comunitaria: el modelo de conservación que emerge en el Estado de México
Instituciones públicas y ejidatarios colaboran para proteger un sitio prehispánico de tres mil años de antigüedad
Conservar un sitio arqueológico requiere más que declaratorias oficiales. Exige consenso entre instituciones especializadas y comunidades locales que habitan el territorio donde yace el patrimonio. En Chalco Díaz de Covarrubias, esta premisa se materializó en un convenio de colaboración entre el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y las…

Conservar un sitio arqueológico requiere más que declaratorias oficiales. Exige consenso entre instituciones especializadas y comunidades locales que habitan el territorio donde yace el patrimonio. En Chalco Díaz de Covarrubias, esta premisa se materializó en un convenio de colaboración entre el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y las autoridades ejidales, enfocado en la preservación del sitio arqueológico Los Tlalteles, un asentamiento prehispánico que ha permanecido en la región durante más de tres mil años, desde el Preclásico Superior hasta el Posclásico Tardío.
El acuerdo, firmado en el Auditorio Emiliano Zapata del Núcleo Ejidal Chalco, representa un cambio de enfoque en la gestión del patrimonio cultural mexicano. Tradicionalmente, la conservación arqueológica ha operado como un asunto de competencia estatal, frecuentemente desconectado de las poblaciones originarias. Este convenio invierte esa lógica: reconoce a los ejidatarios como custodios legítimos de su herencia cultural y establece una relación de corresponsabilidad. Los representantes del INAH subrayaron que la riqueza cultural de Chalco constituye un legado excepcional que demanda una visión de largo plazo, mientras que los ejidatarios reafirmaron su orgullo ancestral como pescadores, agricultores y guerreros, comprometiéndose activamente con la preservación de su patrimonio.
En términos operativos, el convenio contempla acciones inmediatas y de mediano plazo. Especialistas del INAH realizarán nuevos reconocimientos de superficie para evaluar el estado de conservación del sitio y definir estrategias de protección específicas. Simultáneamente, se preparan campañas de divulgación dirigidas a niños y jóvenes, buscando anclar los valores históricos del sitio en la memoria colectiva local. Los ejidatarios, por su parte, han destinado una reserva de tres hectáreas para investigación arqueológica, facilitando el acceso de especialistas a información sobre los antiguos pobladores. Este modelo de gobernanza compartida sugiere una evolución en cómo México aborda la conservación de su patrimonio arqueológico: no como imposición desde arriba, sino como construcción colaborativa que integra el conocimiento institucional con el arraigo territorial de las comunidades.


