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Animales de compañía en la antigüedad: símbolos de estatus en la sociedad romana

Loros, serpientes y perros reflejaban la posición social de sus dueños en el Imperio

Mascotas exóticas como loros traídos desde la India, serpientes y aves rapaces marcaban el estatus de las élites romanas, mientras que perros de distintas razas cumplían funciones que iban desde la compañía doméstica hasta la protección militar. Esta diversidad en la elección de animales de compañía revelaba no solo preferencias

Redaccion PresuMex·22/7/2026
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Animales de compañía en la antigüedad: símbolos de estatus en la sociedad romana

Mascotas exóticas como loros traídos desde la India, serpientes y aves rapaces marcaban el estatus de las élites romanas, mientras que perros de distintas razas cumplían funciones que iban desde la compañía doméstica hasta la protección militar. Esta diversidad en la elección de animales de compañía revelaba no solo preferencias personales, sino también la posición social de quien los poseía.

La relación de los antiguos romanos con el mundo animal se entrelazaba profundamente con sus creencias religiosas y prácticas ceremoniales. Algunos animales eran considerados sagrados y desempeñaban papeles centrales en ritos y festividades del calendario romano. Entre las clases acomodadas, los loros eran especialmente valorados y recibían un trato de lujo, frecuentemente alojados en jaulas de plata o marfil. Las serpientes, por su parte, se consideraban un símbolo de refinamiento y exotismo, mientras que las aves rapaces eran apreciadas por su conexión con la caza, un arte que requería habilidades transmitidas de generación en generación.

Perros de distintos tamaños ocupaban un lugar omnipresente en la vida romana. Mientras que los molosos eran empleados en las legiones y para proteger el ganado, equipados con collares de pinchos para resguardarse de lobos, los perros de razas pequeñas convivían en los hogares como compañeros. Los gatos, aunque comunes, eran valorados principalmente por su utilidad en el control de plagas en graneros. Sin embargo, la relación trasendía lo meramente práctico: evidencias arqueológicas como cementerios y lápidas dedicadas a perros demuestran el profundo apego emocional que los romanos sentían hacia sus animales.

Consideraciones sobre el nombramiento de los perros, como la recomendación de elegir nombres de dos sílabas para facilitar su obediencia, evidencian la reflexión que se dedicaba a estos animales. Así, las mascotas en la antigua Roma no solo eran parte del hogar, sino que representaban un reflejo del estatus social y una conexión emocional que perduraba más allá de su función utilitaria, configurando un vínculo que trasciende los siglos.

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