Guardianes del pasado milenario de Perú reciben el máximo honor cultural del Estado
Dos de las figuras más influyentes de la arqueología latinoamericana del siglo XX reciben el reconocimiento más alto que el Estado peruano otorga en materia cultural. Ruth Shady y Walter Alva han sido condecorados con la Orden de los Grandes Maestros de la Cultura Peruana, distinción establecida mediante la Resolución…

Dos de las figuras más influyentes de la arqueología latinoamericana del siglo XX reciben el reconocimiento más alto que el Estado peruano otorga en materia cultural. Ruth Shady y Walter Alva han sido condecorados con la Orden de los Grandes Maestros de la Cultura Peruana, distinción establecida mediante la Resolución Suprema Nº 006-2024-MC, que abarca diez subcategorías orientadas a la revalorización y protección del patrimonio cultural de la nación. Ambos comités evaluadores designados por el Ministerio de Cultura emitieron recomendaciones unánimes, un dato que habla por sí solo del peso histórico de sus trayectorias.
Ruth Shady, antropóloga y arqueóloga con más de tres décadas al frente del Proyecto Especial Arqueológico Caral-Supe, transformó radicalmente la comprensión sobre el origen de la civilización en el continente americano. A través del uso de técnicas como el fechado por Carbono 14, su equipo determinó la antigüedad de la Ciudad Sagrada de Caral-Supe, revelando una sociedad organizada con arquitectura monumental, conocimientos astronómicos, producción textil, instrumentos musicales y sistemas incipientes de registro de datos. Sus hallazgos reescribieron cronologías y modelos teóricos en la arqueología continental, posicionando a Perú como sede de una de las civilizaciones más antiguas y complejas del mundo. Walter Alva, por su parte, es el responsable del descubrimiento del Señor de Sipán, considerado uno de los hallazgos arqueológicos más relevantes del siglo XX a escala global. Su trabajo no solo amplió el conocimiento sobre la cultura mochica, sino que además impulsó una agenda activa de defensa del patrimonio frente al saqueo y el tráfico ilícito de bienes culturales, con repercusiones que trascendieron las fronteras peruanas.
Más allá del reconocimiento individual, la distinción otorgada a Shady y Alva refleja una postura institucional del Estado peruano: la arqueología rigurosa y el compromiso con la preservación patrimonial son pilares estratégicos de la identidad nacional y de la proyección internacional del país. En un contexto donde el turismo cultural y la diplomacia del patrimonio cobran creciente relevancia en la agenda latinoamericana, este tipo de reconocimientos consolida el valor geopolítico y simbólico de proteger —y comprender— las civilizaciones que dieron forma al continente.


