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Vestigios bizantinos en el desierto egipcio reescriben la historia urbana del siglo IV

Excavaciones recientes en el desierto occidental de Egipto han sacado a la luz una ciudad de la era bizantina con un estado de conservación excepcional, datada en el siglo IV de nuestra era. Localizada en el oasis de Dajla, provincia de Nueva Valle, la ciudad revela una planificación urbana sofisticada:

Redaccion PresuMex·5/7/2026
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Vestigios bizantinos en el desierto egipcio reescriben la historia urbana del siglo IV

Excavaciones recientes en el desierto occidental de Egipto han sacado a la luz una ciudad de la era bizantina con un estado de conservación excepcional, datada en el siglo IV de nuestra era. Localizada en el oasis de Dajla, provincia de Nueva Valle, la ciudad revela una planificación urbana sofisticada: avenidas trazadas de norte a sur cruzadas por calles de este a oeste, conformando plazas abiertas y espacios públicos que sugieren una comunidad organizada y económicamente activa. En el corazón del asentamiento se erige una basílica de estilo paleocristiano flanqueada por los restos de dos torres de vigilancia, mientras que una estructura fortificada con muros defensivos robustos delimita el perímetro. El ministerio de turismo y antigüedades de Egipto ha destacado que el hallazgo ofrece una perspectiva inédita sobre el desarrollo urbano y las dinámicas económicas de un territorio que entonces formaba parte del Imperio Bizantino. Cabe señalar que este oasis figura en la lista tentativa de la UNESCO para ser reconocido como patrimonio mundial. Entre los descubrimientos más reveladores destaca la denominada casa de Tisous, atribuida a un diácono de la iglesia local, que los investigadores consideran habría funcionado como iglesia doméstica antes de la construcción de la basílica. La presencia de hornos de pan, cocinas y herramientas de molienda dibuja el perfil de una comunidad autosuficiente, mientras que aproximadamente 200 fragmentos de cerámica inscritos —conocidos como ostraca— documentan transacciones comerciales y correspondencia cotidiana de sus habitantes. El hallazgo numismático es igualmente significativo: monedas de bronce con retratos de emperadores bizantinos e inscripciones latinas, así como un conjunto de monedas de oro acuñadas durante el reinado del emperador romano Constancio II, aportan un marco cronológico preciso y confirman la integración de este enclave en las redes comerciales del mundo tardoantiguo. En un descubrimiento paralelo, el sitio arqueológico de Marina el-Alamein —identificado con la antigua ciudad portuaria greco-romana de Leukaspis y ubicado a unos 100 kilómetros al oeste de Alejandría— ha sumado 18 nuevas tumbas al inventario ya existente, elevando el total a 48 estructuras funerarias documentadas desde que el yacimiento fue descubierto en 1986. Entre los hallazgos sobresale un sarcófago de granito de 2.5 metros de longitud, cuyos restos óseos se encuentran en proceso de análisis, y una estatua de esfinge elaborada en yeso localizada en su proximidad. Particularmente notable es la recuperación de cuatro piezas de oro depositadas en la boca de algunos difuntos, práctica funeraria conocida como 'la lengua dorada', que refleja la fusión de creencias religiosas propias de una ciudad que prosperó entre los siglos II y IV. Vasijas, ánforas, lámparas y altares de piedra caliza completan un conjunto que, en conjunto con los hallazgos del oasis de Dajla, reposiciona a Egipto como uno de los laboratorios arqueológicos más.

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