Tradición y modernidad convergen en la celebración más grande de Latinoamérica
Miles de personas presenciaron el encuentro de 16 pueblos originarios y comunidad afromexicana en el icónico auditorio oaxaqueño
Danza, música e identidad cultural convergieron en el Auditorio Guelaguetza cuando miles de espectadores locales, nacionales e internacionales presenciaron el Primer Lunes del Cerro. Con la rotonda de las azucenas completamente llena, 13 delegaciones desbordaron emoción y alegría en una jornada que reafirmó por qué esta celebración se considera la…

Danza, música e identidad cultural convergieron en el Auditorio Guelaguetza cuando miles de espectadores locales, nacionales e internacionales presenciaron el Primer Lunes del Cerro. Con la rotonda de las azucenas completamente llena, 13 delegaciones desbordaron emoción y alegría en una jornada que reafirmó por qué esta celebración se considera la más grande de Latinoamérica.
Enid Azucena Torres Agustiniano, representante de la Diosa Centéotl, encabezó el acto inaugural y enfatizó la importancia de la hermandad entre los oaxaqueños que permite que las tradiciones coexistan con la modernidad. "Ser afroamexicano no es algo que se esconde, es algo que se honra y se vive con dignidad", afirmó ante más de 11,000 espectadores. Su participación activa en el escenario, incluyendo el zapateado junto a la delegación de Santiago Pinotepa Nacional, subrayó cómo la identidad de los pueblos se preserva a través de la presencia viva en estos espacios culturales.
La ceremonia, cuyo nombre en zapoteco significa dar y compartir, trascendió la exhibición de costumbres. Las delegaciones participantes —desde las Chinas Oaxaqueñas de Genoveva Medina hasta San Juan Bautista Tuxtepec— compartieron lengua, productos originarios y narrativas de sus comunidades. Uno de los momentos más emotivos llegó cuando el himno "Dios Nunca Muere" resonó en el auditorio, con el público de pie, creando una atmósfera de profunda conexión para quienes lo escuchaban por primera vez.
En su edición número 94, esta celebración dejó una imagen de unidad entre los pueblos originarios y la comunidad afromexicana, reafirmando a Oaxaca como uno de los principales referentes culturales de México. La presencia de autoridades estatales y la invitación al turismo nacional e internacional para participar en las actividades que rodean el evento subrayan el reconocimiento de esta manifestación como patrimonio vivo de la nación.
