Cien jóvenes zapotecas reviven el mito fundacional en el corazón de Oaxaca
La leyenda de Donají resurge como símbolo de identidad cultural en una producción de danza que congrega a artistas de múltiples generaciones
Cien artistas entre los 14 y 27 años protagonizaron una reinterpretación de la leyenda de la princesa Donají en el Auditorio Guelaguetza de Oaxaca, consolidando una narrativa que ha permanecido en la memoria colectiva del estado durante siglos. La obra, dirigida por el maestro Fernando Rosales a través del Ballet…

Cien artistas entre los 14 y 27 años protagonizaron una reinterpretación de la leyenda de la princesa Donají en el Auditorio Guelaguetza de Oaxaca, consolidando una narrativa que ha permanecido en la memoria colectiva del estado durante siglos. La obra, dirigida por el maestro Fernando Rosales a través del Ballet Folklórico de Oaxaca, no fue simplemente una presentación escénica, sino una transmisión intergeneracional de un relato que define la identidad zapoteca.
Donají, hija del rey Cosijoeza de Zaachila, representa en la tradición oaxaqueña el sacrificio por la paz y la reconciliación entre pueblos. Según la leyenda, su enamoramiento del príncipe mixteco Nucano durante un conflicto bélico la llevó a actuar como mediadora, transformando su historia personal en un acto de heroísmo colectivo. Esta narrativa ha trascendido lo meramente legendario: su imagen aparece en el escudo oficial de la capital oaxaqueña, adornada con lirios, como emblema permanente de los valores que representa.
Lo notable de esta producción radica en el perfil de sus intérpretes. La mayoría de estos jóvenes no son bailarines profesionales, sino estudiantes y trabajadores que han dedicado tiempo considerable a dominar la técnica y la expresión requeridas. Este compromiso refleja un fenómeno cultural más amplio: la persistencia de las tradiciones prehispánicas en contextos contemporáneos, donde la práctica artística convive con las demandas de la vida moderna.
La dimensión visual de la obra —vestuario prehispánico, penachos monumentales, diseño de iluminación y efectos sonoros— funcionó como marco para una narrativa que trasciende lo decorativo. Cada elemento escénico reforzó la carga simbólica del relato, permitiendo que los espectadores accedieran no solo a una historia, sino a una experiencia de conexión con la cosmovisión zapoteca. La presentación evidencia cómo las comunidades indígenas mexicanas continúan reinterpretando sus mitos fundacionales, manteniéndolos vivos y relevantes para nuevas generaciones.
