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Urbanismo radial: cuando París inspiró el diseño de colonias capitalinas

La geometría de una telaraña administrativa que persiste en la memoria urbana de la ciudad

Ubicada en la alcaldía Venustiano Carranza, la colonia Federal representa un experimento urbanístico singular: 72 hectáreas organizadas en un trazado radial de 16 calles que evoca la geometría de la plaza Charles de Gaulle en París. Fundada oficialmente en 1925 cuando la Secretaría de Gobernación adquirió los terrenos que antes

Redaccion PresuMex·19/7/2026
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Urbanismo radial: cuando París inspiró el diseño de colonias capitalinas

Ubicada en la alcaldía Venustiano Carranza, la colonia Federal representa un experimento urbanístico singular: 72 hectáreas organizadas en un trazado radial de 16 calles que evoca la geometría de la plaza Charles de Gaulle en París. Fundada oficialmente en 1925 cuando la Secretaría de Gobernación adquirió los terrenos que antes pertenecían a la municipalidad de Iztacalco, esta colonia nació con un propósito específico: resolver la demanda de vivienda para empleados federales. El arquitecto Raúl Romero Erazo materializó esta visión importando la lógica francesa de ordenamiento urbano a la capital mexicana, creando un espacio que ha permanecido reconocible durante más de un siglo.

Su desarrollo, sin embargo, fue gradual. Mientras la primera casa se construyó en 1924 en la esquina de Suprema Corte de Justicia y Guerra y Marina —propiedad del médico militar Guadalupe Gracia-García—, la infraestructura básica tardó décadas en llegar. La electricidad no se instaló hasta 1946; el agua potable, un año después. Las calles conservan nombres que funcionan como un catálogo de la administración pública: Asistencia Pública, Trabajo y Previsión Social, Hacienda y Crédito Público. Esta nomenclatura no es ornamental; es un registro de la intención política que originó el espacio, una cartografía de los tres poderes de la unión grabada en las vías.

Quienes vivieron los primeros años de la colonia recuerdan un territorio sin pavimento, sin alumbrado público, donde muchas casas carecían de agua potable y drenaje. En esas condiciones precarias, la comunidad se organizaba: enfermeras del Hospital General Infantil Federico Gómez se convertían en asistentes médicas del barrio; espacios como el baño público San Pedro y el Café El Marino funcionaban como puntos de encuentro y referencia. Estos lugares han desaparecido del paisaje físico —hoy ocupados por lavanderías y bodegas—, pero persisten en la memoria de quienes presenciaron la transformación de un proyecto administrativo en un territorio habitado, con sus propias historias de resiliencia, tragedia y cotidianidad urbana.

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